Arte en papel pautado (1/3)

Cómo cada uno descubrió la música es algo implicito a cada visitante de este humilde espacio en la red. Por otro lado, hay muchas historias curiosas de cómo una sola canción es capaz de cambiarte la vida, o la percepción que podías tener antes de saber siquiera qué coño era eso de Fender, Gibson, quién cojones era James Hetfield, o Bruce Dickinson, o el significado de la palabra Rock, qué significa ser progresivo, el heavy metal, el doble pedal, el metal o cualquiera de esas palabras que, sin embargo, son sinónimos de arte.

Todo comienza, para mi, en el año 1999. Por mi parte, debía tener 12 añitos cuando cayó en mis manos un disco. Estaba catalogado como música New Age, que yo por entonces no tenía ni idea de qué quería decir eso. Sin embargo, aquel “Tubular Bells III” de Mike Oldfield hizo que algo cambiara en mi. Y es que simplemente encontré lo que llevaba muchos años buscando, algo que llenara un enorme hueco que tenía dentro de mi y que por mucho que buscase, no llegó a estar completo ni a tener total sentido hasta el momento en que escuché los primeros acordes de ese album. Desde entonces, supe que era aquello lo que iba a determinar gran parte de mi vida.

Obviamente, busqué. Busqué más sensaciones, más acordes, más escalas, más melodías, y busqué de una manera en la que sólo busca el que ha encontrado su sentido en la vida. Así, comencé a encontrar otros discos, del mismo artista, que hicieron que ese ansia y ese hambre de experiencias no se viera sino incrementado. Como intentar apagar un fuego con gasolina, me vi a mi mismo ahorrando para comprar discos, un pedazo de plástico que, para mi, en cierto sentido era magia pura.

Y fue una canción de Mike Oldfield la que me hizo fijarme mucho más atentamente en la guitarra, en ese sonido distorsionado que, como sabría tiempo después, era el característico de aquello que hoy es el sentido, alma, principal inspiración e idea primigenia de este blog: el rock. La canción en cuestión era “Outcast”, incluida en el citado disco de 1998 de Mike Oldfield, y para mi esas tres guitarras (acústica, eléctrica y sintetizada) que componen esta pequeña canción instrumental eran lo más duro y lo más innovador que había oído nunca. Ese sonido me dejo intrigado. Y obviamente, en “Guitars” volvía fliparlo, un disco donde el citado compositor inglés volvía a hacer de las suyas con guitarras. De todo tipo. Blues, Rock, Hard Rock, música ambiental…ese tío conseguía sacarle todo tipo de sonidos a algo que, para mi, hasta entonces sólo eran 6 cuerdas y una caja de madera. Y por supuesto, volví a buscar…

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Publicado el 14 noviembre, 2010 en Cosas Mias. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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